Es verdad que el neón es un elemento de comunicación visual muy efectivo que no sólo está en auge actualmente, sino que
muestra una tendencia de crecimiento sostenido en América Latina en general. A pesar de que la fabricación de los tubos
de neón es una técnica que data desde los inicios del siglo, hasta el momento no se ha encontrado un sustituto para la
elaboración de avisos luminosos con las características particulares de estas impactantes luces, tales como su gran
luminosidad, variedad de colores, flexibilidad en su uso y bajo consumo de energía. Si bien la esencia de la fabricación del
neón no ha variado, los cambios tecnológicos han hecho que la producción se simplifique y que las bondades de este
producto se amplíen. Esto le ha permitido al neón empezar a integrarse a otras líneas de producción en la industria, las
cuales poseen un mayor componente tecnológico, como la rotulación computarizada y la impresión digital, para lograr así
productos más modernos, innovadores, artísticos y, sobre todo, rentables para el fabricante actual.
Qué es el neón y cómo funciona
La estructura básica del tubo luminoso de neón es muy sencilla. Esta consiste en un tubo de vidrio dotado de un electrodo
en cada extremo, el cual contiene un volumen muy pequeño de un gas raro --normalmente neón o argón-- a muy baja
presión. Cuando estos electrodos o conductores eléctricos se conectan a una fuente de alto voltaje (transformador),
el flujo
de corriente que atraviesa el tubo, hace que millones de moléculas del gas intercambien electrones, generando
cargas positivas y negativas que las hacen atraerse o repelerse. Esta actividad ocasiona múltiples colisiones entre las
mismas moléculas del gas, así como de éstas contra las paredes internas del tubo, generando una luz brillante y
consistente a la cual conocemos como neón.
|